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Madrugar para correr: Eso que no puedo permitirme

20 junio, 2020

“No te entiendo. Eres dormilona, muy dormilona. Te cuesta horrores levantarte entre semana, cuando estás en casa, en Valencia. Ahora, que los fines de semana están marcados por la playa, ¡no necesitas despertador para levantarte de la cama a las 6:30-7h ! ¿Tu lo entiendes Gema?” Este es un auto diálogo que me hago cada fin de semana cuando, mi actividad se inicia bastante temprano sin quererlo. 

¿Pero alguna estrategia llevarás para lograr el siguiente paso, el de levantarte de la cama? A esta pregunta… sí, me parece que tengo una respuesta. Por ello, quiero hacer mención a una de las frases que me regaló Paula Fernández-Ochoa, como protagonista del podcast ‘Me inspiras’: “A la pereza hay que plantarle cara y yo, a mi al menos como me funciona, es eso, no escucharla, no darle tregua, no darle opción y no plantearme que realmente quiero dormir”.

Soy consciente de que nuestra mente tan solo necesita cuestión de segundos para tomar una u otra decisión y de nosotros depende que el resultado sea uno u otro. Dada esta lucha, de la que muchos de nosotros podemos ser los protagonistas, quiero aprovechar este artículo para enumerar esa lluvia de pensamientos que hace que, una hora más tarde de haber escuchado esa alarma tan poco amigable, mi cara dibuje una sonrisa que yo solo puedo entender.

Diez razones para no darle tregua a la pereza 

  1. No pienso, pongo el piloto automático. Ni siquiera me doy tiempo a quedarme sentada unos segundos en la cama, de lo contrario la almohada empezará a susurrarme lo placentera de su compañía.
  2. Cuando mis reflejos están un tanto aletargados y mi oreja ligeramente pegada a la almohada, le doy al play, pero al bueno. Sí, al de ese objetivo que me he propuesto.
  3. ¿Y el post entreno? Pienso en él, ¡no sabéis cuánto! Ese se convierte en una gran dosis de motivación.
  4. Mis pies en el agua. Terminar de correr, acercarme a la playa, quitarme las zapatillas y relajar mis pies en el mar. No tiene precio.
  5. Tengo sueño, sí, pero… siendo fin de semana ¿y la siesta que me voy a pegar?
  6. ¿Siesta? ¡Incluso la del borrego! Madrugar a las 6:30h, salir a las 7h, llegar rondando las 8h, darme una ducha y volver a acostarme una hora.
  7. Yo no soy de las que lo deja para la tarde. En fin de semana, puedo vencer a la pereza por las mañanas, porque por las tardes se vuelve más guerrera. ¿Tarde con los amigos y estar pensando que tengo que irme a entrenar? No. Mi cargo de conciencia puede ser tal que termino no disfrutando de lo social y puede que tras retrasar la hora de salir a correr… finalmente tire la toalla.
  8. No es: si hoy no puedo, mañana lo haré. Mejor: Sí hoy lo hago, mañana descanso.
  9. ¿Sabéis quién es el gran contrincante de la pereza y que encima suele ganarle? Mi cuerpo. Cuando logro acostumbrarlo a los madrugones runners, me siento saludable durante todo el día, enérgica y motivada psicológicamente.
  10. Esfuerzo. Esta podría ser la palabra capaz de darle sentido al por qué sigo practicando este deporte. El correr me ha demostrado que sin esfuerzo no hay resultados y ello lo aplico a mi día a día, más allá del deporte.


Sigo pensando que merece la pena luchar contra ella por las mañanas. Aunque, y lo digo bien claro, no siempre podamos vencerla, porque ¡también las treguas son bienvenidas! Solo de vez en cuando 😉

  • Richard dice:

    Me mola,la veritat..
    Entrenar i al acabar entrar a l.aigua de la mar..‍♂️

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