Podcast

Speed trail 10k de Ocaive: Mi vuelta con dorsal

23 febrero, 2022

Ya no tengo las piernas cargadas, de hecho preferiría haber escrito esta crónica hace una semana atrás, tan solo un día después de haber corrido el speed trail 10k de Ocaive, carrera celebrada en el municipio de Pedreguer (Alicante). Sí, volver a colgarme un dorsal. El estado de mi cuerpo guía mi escritura y siento que lo que pude haber dejado escrito, no será lo mismo que hacerlo ahora.

Una subida empinada y técnica, una bajada…

Pero mi mente es capaz de viajar, porque estaba siendo sencillo, solo tenía que seguir las pisadas de la chica que tenía delante. Era difícil correr, la organización ya lo avisaba y mi mirada tensionada no les quitaba ojo. Acabábamos de subir la “Creueta de la Llagosta”, una subida empinada y técnica, y que tras alcanzar la cruz no había cabida para el despiste, por lo menos por mi parte, pues llegaba una zona con trampas y peñas puntiagudas. Eran a ellas a las que tenía que controlar. Para mi alivio, los corredores a los que seguía cruzaban esta parte andando, muy ligeros, pero andando, hasta que avisté que concluíamos para afrontar la primera bajada. Un cartel ya avisaba lo que venía, decía algo así: Bajada peligrosa o cuidado con la bajada. Ahora recuerdo el momento de lectura de ese cartel, no me asusté, me reí de la situación, pero no me gustó nada el mensaje.

«Lo es», me dije mientras intentaba mantener un ritmo, muy pendiente de la tierra, de sus pequeñas piedras y de mi rodilla. Este descenso hace honor al mensaje que leí la noche de antes en la página de Facebook de la prueba: “una bajada empinada, estrecha y con gravilla suelta, perfecta para tener una avería”. A la vez, me reía de la situación, de verme enfrentándome a una carrera de montaña, sufriéndola por el miedo que llevaba encima por no pisar bien en algún momento, resbalarme o sufrir cualquier torcedura. También me sentía viva, volviendo a sentir la naturaleza y reconociendo mi respiración agitada. Me reconocí lanzando frases al aire de “lo bonita que estaba siendo la bajada”, porque fue más de un mensaje irónico que entable con la chica que guiaba a mis pisadas.

Las bajadas…. ¡vayan adelantando!

Las subidas fueron gratificantes, mi pulsómetro ya me daba la respuesta y las zonas correderas, para mi poca experiencia, fueron bastante pocas. Ahí que iba yo lanzada, cada vez que salíamos de la montaña y vislumbraba una zona de asfalto.

Me es complicado describir todo el recorrido. Recuerdo que me adelantaron muchos corredores en las bajadas —lógico— y que cuando escuchaba el aliento de alguien cerca, le decía que me adelantara. Me viene a la cabeza una bajada por carretera, creo recordar que era el tramo que nos llevaba a la última subida y mientras sobrepasaba a un corredor, él me dijo: “Guarda que queda la última subida”. “¿Subida?” Pensé. “Entonces bien”, me dije. Pero sabía que a toda subida le precede una bajada, eso era lo que me preocupaba.

Los últimos kilómetros no los disfruté, porque los hice sola. Fue un descenso muy solitario e hizo que estuviese demasiado pendiente de cómo y dónde pisaba, y dejé aparcado el absorber la bonita estampa que me estaba regalando el paisaje.

Llegué al pueblo y el objetivo ya estaba cumplido, volver.

  • Muy buena crónica gema como me alegra verte otra vez con un dorsal puesto y disfrutando de las carreras de 10 k que tanto te gustan, ahora a seguir y a por otro objetivo que te motive

  • Colaboradores

    >