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LCA: ¡Adiós chichón!

7 noviembre, 2021

Intentando ver lo que tenía enfrente. Ya estaba en la planta de quirófanos, esperando tumbada en la camilla a entrar a alguno. “Esta chica va para el cuatro”. Esa chica era yo y recuerdo entre risas la conversación que tuve con el celador. “Aquí parece que somos muchos de rodillas derechas”, bromeaba el joven celador. Él también tenía su rodilla derecha operada.

La camilla ya avanzaba y yo levantaba ligeramente la cabeza, tensionando el cuello para seguir viendo dónde me llevaban. Fue cuando lo vi, al anestesista de siempre (el mismo de las dos anteriores intervenciones: operación de rotura de LCA y sutura de menisco externo, y la vuelta a entrar para romper las adherencias que se generaron post operatorio) y eso me tranquilizó. Empecé a sentirme más calmada o eso quería pensar, cuando empecé a ver a miembros reconocibles del equipo del doctor José Luis López Péris.

“Parece que no quiere salir”, me dice el anestesista. ¿Cómo?, le respondo. Entendí que mis venas no querían ser muy visibles, necesario para que él pudiese introducirme la vía. Ya no recuerdo cómo terminó ese tema…

… Pero mi memoria sí tiene presente el subirme por mi propio pie a la camilla del quirófano, decirle al enfermero que cómo podía ser que estaba temblando y por otro lado, escuchar cómo el anestesista me decía: “Vas a empezar a marearte, pero estate tranquila, que es normal”. Y así fue, en cuestión de segundos mi cuerpo inició esa sensación, mientras yo intentaba mantener mis ojos abiertos.

El chute de la sedación

Ahora mismo, escribiendo esta entrada en el blog, dos días después de mi intervención, sigo alucinada de lo que me dijeron que dije mientras me llevaban en camilla a mi habitación, ya con el objetivo conseguido: extraer el tornillo que mi cuerpo no había logrado absorber, bautizado por mi como “el chichón”. En concreto, esa punta del tornillo no absorbida había producido una bursitis que, cuando quería, se inflamaba y resultaba molesto. Pero sigo adentrándome en ese instante, cuando mi cuerpo acabada de despertar del profundo sueño provocado por la sedación, que yo misma pedí.

“No parabas de hablar por el pasillo y cuando encararon la camilla a la puerta de la habitación y me viste con el libro de Strar Wars entre manos, dijiste a viva voz: ¿Ya estás leyendo? ¡Que la fuerza te acompañe!”. Quien llevaba ese libro es mi pareja y él tampoco entendía nada… Bueno, igual sí, porque prácticamente cada semana entra un libro de Star Wars en casa. Mi entrada a la habitación fue triunfal.

… Era el momento de esperar a que el doctor viniese a la 408 para informarnos de cómo había ido todo. Tampoco recuerdo mucho más de esos primeros minutos en la habitación.

Mi sonrisa se dibujó

Y llegó. Entró el doctor López Péris y su mensaje dibujó una sonrisa en mi cara, porque dijo lo que quería escuchar. No solo habían quitado el maldito tornillo, sino que también con la artroscopia comprobaron que todo lo que se hizo en su momento estaba perfecto. Al encontrarme dormida, pudieron chequear que el ligamento estaba fuertemente consolidado (me lo repararon con el tendón de Aquiles de un cadáver, al haberse roto la plástia de la primera intervención, cuando se me rompió el LCA a los 17 años) y que apenas se apreciaba la sutura de menisco que se hizo. Todo eso eran muy buenas noticias.

Salí al día siguiente del hospital, con una muleta y esta mañana me he dado un paseo sin ella. Me encuentro bien y con ganas de seguir avanzando, porque ya me lo advirtió el doctor: Ahora, que tu rodilla esté bien, solo depende de ti.

Y que tenga ganas de teclear para contároslo, es muy bueno 🙂

  • Lucía dice:

    Que bien!!! Y después de varias artroscopias, tienes los cartílagos intactos? Que vaya muy bien la recuperación

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