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Crónica de mi vuelta a los entrenos planificados de carrera

9 diciembre, 2022

Si no escribo crónicas de carrera, ¿por qué no las hago de mis entrenos? Y eso es lo que voy a hacer, porque cada entrenamiento se está convirtiendo en un micro relato que esboza mi cabeza, muy dispar según qué día.

Durante los últimos tres años, mi relación con este deporte de alto impacto se ha traducido en idas y venidas. El post operatorio de mi rodilla me ha costado más de lo esperado, pero quizá lo que más me ha lastrado han sido los parones que me he visto obligada a hacer por el proceso en el que nos encontramos inmersos mi pareja y yo, que es el de ser padres (ciclos de fecundación in vitro, hasta el momento, sin éxito).

(En este episodio del podcast de Me inspiras es donde exteriorizo este proceso: Sé que llegarás)

A día de hoy, mi cuerpo ya puede retomar el impacto, de hecho, siento que lo necesito. Algo tan sencillo como salir a correr se estaba convirtiendo en una lucha mental que terminaba con auto culparme por no… no sé muy bien el qué: Por no sentirme motivada ni tan siquiera para salir de casa, por pensar que no soy capaz de terminar el tiempo de carrera planificado, por mirar en exceso el pulsómetro y no reconocer lo que veo…

Inicio de entrenos planificados de carrera

El 29 de noviembre empecé a organizar mis entrenos de carrera en base a una planificación. Ese día no hubiese salido a correr, solo que me obligué a hacerlo para darle cuentas a mi entrenador Rubén Gadea. Ese día me sentía hinchada –estaba terminando la regla, tras otro intento del proceso de la fecundación in vitro– y ya con las zapatillas en marcha empezó a dolerme fuertemente el pecho, sumado a pinchazos intensos en el estómago. No era mi día. Tan solo tenía que correr 40’ sin presión, sin ritmos, pero sentía que estaba siendo muy inestable, pues me aceleraba, me frenaba, mis pulsaciones bailaban sin sentido y eso me provocaba ofuscación. Todas esas percepciones se tradujeron en pararme en continuas ocasiones. Lo único que quería era cumplir con los 40 minutos y resetear para el siguiente entrenamiento.

No me sentía orgullosa de lo que estaba haciendo. Estaba frustrada y a modo de comentario en la app del entrenamiento me desahogué con mi entrenador.

El viernes de esa misma semana, 2 de diciembre, volvía a enfrenarme a la carrera. Salí temprano de casa, muy motivada, por cierto, con la mochila detrás y queriendo encajar el entrenamiento para final de la jornada laboral. Las horas pasaban, el día estaba terminando y mi cabeza empezó sus negociaciones intentando convencerse de que sí que lo haría. No fue así. Mi cuerpo me pedía llegar a casa. No hubo entreno.

Hoy es viernes 9 de diciembre y sonrío cuando recuerdo, precisamente, esa primera semana de toma de contacto que os acabo de relatar. Lo hago porque hoy, unos días después, he logrado cumplir con el plan de carrera con una percepción totalmente distinta. Sigo adaptándome, reconociéndome y asimilando en qué punto me encuentro. Ser consciente de esto ya es un logro para mí.

Me repito muchas veces esto: Correr para seguir corriendo. Sigo corriendo porque puedo hacerlo, pero siendo muy consciente de que tengo mis limitaciones. No somos más grandes, no somos mejores por sumar más kilómetros o por ser más rápidos, somos más grandes si cuidamos a nuestro cuerpo para darle eso que tanto nos pide, seguir corriendo.

PD: Este último párrafo es una extracción de lo que escucharéis este lunes, 12 de diciembre, en el nuevo episodio del podcast de Me inspiras.

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