Wings For Life World Run ¡Sprint y llegamos al km 21!

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El titular lo dice todo: “Wings For Life World Run ¡Sprint y llegamos al km 21!”. Así fue, llegamos, en plural, porque fue una carrera en la que compartí y experimenté experiencias de esas que no se olvidan.

Todo apuntaba a que la lluvia haría eco en la prueba y así fue. Un día gris en toda regla, pero os aseguro que para los corredores no fue así. Los más de 2.000 deportistas nos colocábamos en la línea de salida de una carrera 100% solidaria, pues todo lo recaudado va destinado a combatir las lesiones de médula espinal.

Teníamos clara la línea de salida, pero no la línea de meta. No, porque la línea de meta se movía o más bien nos cazaba. Os explico. Salíamos todos de la línea de meta a las 13.00 h., pero no fuimos los únicos porque en 34 localizaciones en todo el mundo hicieron lo mismo. Fuese de día o de noche, todos iniciamos nuestra suma de kilómetros a la vez. ¿Y la meta? A la media hora salía el Catcher Car, vamos a llamarle la línea de meta móvil, y si nos alcanzaba en carrera la prueba terminaba. Aquí tenéis toda la información de cómo es la carrera: Wings For Life World Run

Podíamos correr en equipo, así que me uní al creado por el de Mujeres que Corren capitaneado por Cristina Mitre (The Beauty Mail) y Clara Montoya
(Yo no corro, vuelo)
y durante toda la carrera intenté seguirles la pista. También compartí los primeros kilómetros junto a Olga Brú y Roberto Leal, entre risas y acento sevillano. ¿Cuál era mi objetivo? Con recorrer 15 km ya me quedaba satisfecha, había descendido el nivel de entrenamientos y no me veía capacitada para hacer más.

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Junto a Paloma (en la izquierda) y Olga (en el centro).

 

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Junto a Mónica Martínez. ¡Por fin nos conocemos en persona!

Carrera por el Río Turia

Recorrimos el antiguo cauce del Río Turia, un lujo disputar una carrera en mi lugar favorito de entreno. La lluvia seguía, pero personalmente agradecía su presencia, el calor es uno de mis tendones de Aquiles. A punto de llegar al kilómetro 15, mi cabeza pensaba, pero no lo hacía para parar, sino para analizar hasta qué punto del recorrido mis piernas aguantarían. De momento, el Catcher Car no daba señales.

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Foto por Pedro Jiménez ¡Gracias! Podéis encontrar fotos de la carrera en su página de Facebook: Always with My camera.

Kilómetro 17 y por detrás escucho música y alguien grita: “¡Gema! ¡Vamos!” Era Mariam Hernández que venía muy motivada y apareció en uno de los momentos de carrera en los que ya empezaba a notar que bajaba mi ritmo. Me uní. ¿Cómo no hacerlo? Mariam me decía: “Vamos a ponernos pequeños retos. Vamos a llegar al km 18 y luego ya veremos”. Llegamos al km 18 y seguíamos, alcanzamos el km 19 y nos advierten que el Catcher Car todavía lo tenemos muy lejos. ¿Podemos llegar al km 21?

¿Recta final?

Salimos del Río Turia y encaramos la larga calle de Menorca. Sabíamos que el kilómetro 21 estaba cerca y a la vez el “señor” Catcher Car ya empezaba a pisarnos los talones. Fue ahí cuando apenas quedaban 400 metros para llegar al cartel de los 21 km cuando Mariam y yo empezamos a alarmarnos. La gente nos decía que lo teníamos detrás y solo podíamos hacer que sprintar para conseguirlo. “¿Dónde está?”, me gritaba Mariam. Yo miraba el pulsómetro y sabía que estaba cerca ¡pero no lo veía! “¡Tira tu!”, le chillé a Mariam. Ella se giró, me miró y me lanzó un grito: “¡Ni hablar! ¡Lo conseguimos juntas!” Apretamos, gritamos ¡y llegamos! Tocamos el kilómetro 21 y a los pocos segundos nos adelantaba el querido Catcher Car. Nuestra cara de emoción y brincos en medio de la carretera lo demuestra ¡Lo hicimos!

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