Vosotros: “Desconecta un poco y sácale partido al mar”

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Así es. Muchos de vosotros fuisteis claros: “Desconecta un poco y sácale partido al mar”. Esta ha sido una de las principales recomendaciones que he recibido por parte vuestra. Me da a mi que os voy a hacer caso…

En nada cojo vacaciones y se resumirán en tres semanas muy cerca de la playa. Mis propósitos: salir a correr (en menos dosis), trabajar la fuerza, intentar no perder el hábito de mis clases de natación (sé que nadar en la playa me costará mucho más) y leer, al menos, un libro.

Si estáis pensando: Vaya desconexión es esa… Para mí lo es. Pienso que desconectar es saber que no tengo que encajar a modo de tetris las 24 horas del día, llegar ahogada a los sitios y en ocasiones, sentir como la gente percibe mi actitud nerviosa y creo que esto no es positivo. Disfruto con todo lo que hago, pero… un poco de STOP no viene nada mal.

Por el momento, he logrado alcanzar ese punto de desconexión durante los pasados fines de semana y he intentado combinar mis entrenos de running con paseos por la playa e intentos de hacerme algún largo que otro en el mar. Y digo, intentos…

Mi historia con la natación

La natación me está sacando de mi situación de confort y eso me agobia, pero a la vez me reta. Me paro a pensar. Hace ahora unos dos meses que me inicié en la natación y esta ha sido mi evolución:

  • Tenía vergüenza y miedo: En febrero me propuse empezar a nadar y tuvieron que pasar cuatro meses para que me lanzara. Mi principal obstáculo era la luchar contra mis miedos y vergüenza: No sé que voy a encontrarme, voy a tener que salir a la piscina en bañador, y si voy demasiado lenta, y si me agobio… Reconozco que también me daba pereza el tener que cambiarme y luego rumbo a la ducha para volver a vestirme y retomar el horario de oficina.
  • No es para tanto: Hay buen ambiente en la piscina, creo que puedo enseñarme a nadar en condiciones, pero me ahogo.
  • Me sigo ahogando: No logro hacerme ni 25 metros sin parar. Eso ese traduce en quedarme estancada a mitad piscina, agobiada, cansada y un poco nerviosa por sentir que estoy estorbando a mis compañeros.
  • Llega el fin de semana e intento hacerme unos largos: Jamás hubiera pensado que diría esto: “Voy a hacerme unos largos”. Mi motivación se esfuma cuando me doy cuenta de que la melena me molesta y necesito las gafas. Otro dato, las olas… Ingenua de mí…
  • Me voy de calas: Ya ni se me pasa por la cabeza intentarlo, pues me digo: “Total… estoy en el mar y ya me di cuenta de que esto esto es demasiado complicado para mi. Todavía estoy muy verde. Olvido mi modo ‘nadadora’ y me limito a ¡jugar!

  • Siento que puedo hacerlo: Mi cabeza recapacita y piensa: Gema, ¿te vas a pasar tus vacaciones sin intentarlo?

Así pues… no le tengo miedo al mar, solo que me da la sensación de que todo lo aprendido en la piscina es complicado ponerlo en práctica en un medio tan diferente, o al menos eso me lo parece. Igualmente lo intentaré.

Me tomo dos semanas de vacaciones en el blog (mis redes sociales seguirán activas). La semana del 14 de agosto vuelvo para compartiros nuevas experiencias, nuevos artículos y por supuesto, más moda runner. 🙂

Bikini y bañador de Sprinter: pasad el ratón por encima de la foto para comprar el look.

 

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