Visualicé, pero me quedé corta

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Me resulta tan complicado intentar trasladarme a una carrera y dejar por escrito todas las sensaciones vividas, que me es más difícil hacerlo pasada una semana. Si ya intenté hacer un ejercicio de visualización minutos previos de la pasada carrera del Circuito Divina Pastora, la carrera de Redolat, hoy voy a sumar el recordar cómo viví todo la prueba.

Visualiza. Esta fue la tarea que me puso Vicky Cervera, psicóloga deportiva de Sanus Vitae. Así lo hice. Esta vez tocaban 6.200m o eso era lo que creía…

Ya en el cajón de salida, miré al frente (no fui capaz de cerrar las ojos… ¿por vergüenza, quizá?) e intenté visualizarme en la carrera.

visualicé

Era la tercera vez que me enfrentaba a esta prueba, creía conocer el circuito, aunque solo recordaba el trayecto hasta el kilómetro 4… Una vez alcanzase el kilómetro 4, mí cabeza pensaba que estaría todo hecho.

Visualicé

La verdadera carrera, contra el coco

Llegábamos al Río Turia, un trayecto que conocía muy bien. Ahora solo tenía que correr 2.200m ¡un entreno de series!, me dije.

Visualicé

Polvo, mucho polvo. Tanto corredor por el Río Turia provocaba que levantásemos la tierra del suelo. Hasta aquí visualicé y aquí empecé a notar que no controlaba la situación . ¿Será cierto esto de visualizar? Antes me sentía bien ¿y ahora no?

Mi cabeza empezó a preguntarse ¿cuándo giramos? Era consciente de que estábamos avanzando en dirección opuesta a la meta. Sabía que en algún momento tendríamos que girar, ¿pero cuándo?

Visualicé

Por fin, observaba cómo los corredores de delante giraban. “Pensé: ¡Ya está! Una última recta y terminamos”. Pero pasamos el kilómetro 6 y no me cuadraba nada. ¡Sé que la meta está lejos! ¡No está a 200m!

Fue entonces cuando la prueba empezó a ser realmente psicológica. “Gema, lo tienes”, “Gema aguanta”.

El último esfuerzo

Ya sentía la meta. Estaba a punto de entrar en la Pistas de Atletismo del Río Túria, donde estaba el arco de meta. Noté como una corredora aceleraba. La sentí y mi reacción fue: ¡Gema, corre!

Sprinté. No pensé. Agoté las fuerzas que me quedaban. ¡Y llegué!

visualicé

No fueron 6.200m, sino 6.650m Esos metros de más, que creo, a muchos corredores nos pesaron por desconocer su existencia.

Finalmente, terminé la carrera a un ritmo medio de 4:10 min/km Sinceramente ¡muy contenta!

Y estas imágenes son las que hacen que merezca la pena correr 🙂

No me cansaré de repetirlo. Gracias a todo el equipo de Sanus Vitae por todo el soporte que me dais. ¡Esto es trabajar en equipo y en la buena dirección!

Fotos: Adrián del Rey (AdrSportPhoto)

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