El Trail de Almedijar ¡me empuja a…!

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“Pásate a la montaña, verás como te engancha”. Corroboro estas afirmaciones, pero señores… ¡me faltan fines de semana! Hoy os haré un breve resumen de cómo me fue en el Trail de Almedijar y por qué no le dedico el tiempo que me gustaría a la montaña.

Era la primera carrera de montaña del año y repetía escenario, el Trail de Almedijar, aunque apuntaba a que sería bien distinto. Las heladas de los días previos habían dejado una bonita estampa blanca por zonas del recorrido, pero suspiré porque mis pies no pisarían la querida nieve, lo harían quienes se enfrentasen a la prueba reina de 26 km (1300 +), pues yo me quedaría con la prueba Sprint y sus 14 km (600+).

Foto Sucman. BetaTrailRunner

Empezaba todo

Era pronto y hacía frío, yo solo quería saber en qué estado se encontraba el recorrido de la prueba Sprint. La primera noticia que tuve fue que los charcos nos darían la bienvenida nada más arrancar la carrera y para el final se despedirían por todo lo alto.

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Y así fue. Apenas pasaron los primeros metros cuando metimos los pies en el primer charco.

Pies mojados y bien pesados.

No corría sola, me acompañaba Rosa del Toro. Las dos volvíamos a compartir kilómetros, al igual que el año pasado (Vídeo Trail Almedijar 2016).

Seguía el ritmo y los pasos de la cola. Todavía me cuesta concebir el no tener que estar corriendo en todo momento. Corremos, paramos, caminamos… ¿Este trayecto no me suena? Claro que no lo recordaba, pues este año el recorrido lo hacíamos en sentido contrario. Buscaba esa subida arropada por los almendros en flor (algo poco habitual dada la temporada) y que recordaban mis piernas ¡como picaba! Pero no, esta vez la bajamos y la estampa era bien distinta, la flor del almendro no estaba por ninguna parte y tocaba dejarse caer.

Recuerdo no estar tan pendiente de mis tobillos y aprovechaba para aprender de quien corría delante mío. Intentaba que mis pisadas no fuesen tan rígidas y quitarme ese miedo que todavía tengo a las bajadas. Me acelero y siempre pienso: “A ver si termino tocada de la rodilla”. La carrera fluyó…

Los charcos

Me quedé sola. Dejé a Rosa del Toro un poco atrás y llegué a un punto en el que me paré. ¿Por aquí? La señalización así lo decía, indicaba que tenía que meterme en un charco de profundidad desconocida. Me asomé y vi a unos chicos metidos hasta la rodilla. Fue aquí cuando me dije: “Sí, hay que pasar por aquí”. El agua era de color marrón y llegaba hasta las rodillas, muy apetecible.

14 km y un poco

Después de dejar el segundo y último avituallamiento, venía la siguiente ronda de charcos. Las piernas ya pesaban y más con los pies empapados. Apunto de alcanzar el kilómetro 14, seguía las zancadas de una chica, ella era mi guía. Fue dejar atrás el kilómetro 14 y las dos decir en voz alta: “Eran 14km y poco, ¿pero cuánto?” El trayecto de llegada a la meta finalmente se resumió en un charco detrás de otro y con la última prueba, el cruce de un riachuelo con la ayuda de una cuerda. Llegado hasta aquí ¡ya daba igual todo!

El final y después…

Veía la última cuesta, sabía que lo era, porque a pocos metros nos esperaba la Plaza de la Iglesia y la meta. No podía hacer otro gesto que sonreír, era mi tercera carrera de montaña y la había terminado con ganas de no dejar olvidadas las zapatillas, sino de sumar otras más.

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Foto Sucman. BetaTrailRunner

Aprovecho para dar las gracias a la organización, con los condicionantes de la climatología estuvieron pendientes en todo momento de la seguridad del corredor.

Ahora pues… apuntaría más carreras de montaña a mi Calendario Runner, pero ¡sumar asfalto y montaña no es tan fácil! Por ello os pregunto ¿De dónde sacáis tiempo?

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