Siempre la misma historia: Silencio y oscuridad

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Todavía están las luces encendidas y el silencio llena las calles. El sonido que emite mi bicicleta al pedalear me es suficiente para pensar que estoy aquí, despierta.

Llego a la rampa y desciendo por ella con mi bicicleta. Mi destino me obliga a cruzar el antiguo cauce del Rio Turia. Intento estar más despierta, pues todavía me cuesta girar la curva de la rampa con confianza, pienso que voy a caerme. Por si acaso, siempre saco un pie muy cerca del suelo. Silencio, mucho silencio.

La luz de un frontal, el sonido de unas zapatillas… poco más. Respiro y bajo mi casco y bufanda dejo entrever una sonrisa. “Somos más”, pienso. Son las 6.45h de la mañana y mi rumbo es la piscina. Cada martes, la misma historia. En ocasiones se repite en mi cabeza esta frase del libro El líder que no tenia cargo de Robin Sharma: “Si todos los días te levantas una hora antes de lo que era habitual en ti, dispondrás de siete horas más a la semana”.

Hoy es lunes e inevitablemente pienso en mañana, martes. Sonará el despertador y un cúmulo de pensamientos, que no ayudan, os lo aseguro, pasarán por mi cabeza. Pero al fin y al cabo la historia se repite, ¿no? Subiré a mi bicicleta y volveré a ser testigo de esa oscuridad y silencio, entrecortado por el sonido de las zancadas y respiraciones de quienes han decido levantarse de la cama un poco antes para ir a entrenar.

Empiezo a gatear en el agua

No disfruto nadando, todavía no lo hago. No me gusta el agua, no me siento cómoda, no controlo la situación. ¡Qué hago aquí a las siete de la mañana! Tomo referencias para no chocarme con mis compañeros, aunque pocas veces me escapo de alguna. “Pasa tú delante”, esta es la frase por la que todos ellos se acuerdan de mí cada martes. “Llega hasta la pared”, grito habitual en el discurso de mi entrenador. Dirigido a mí, por supuesto.

Las manecillas del reloj no avanzan, aunque siento que algo de sentido tendrá todo esto. Creo que empiezo a gatear en el agua.

He llegado a la conclusión de que cada uno de mis martes se resumen en un silencio intermitente y una oscuridad con caducidad. Un silencio intermitente porque no siento que esté sola, el esfuerzo y el entusiasmo que se respira a esas horas está muy presente en el ambiente, no puede existir un silencio completo. De existir no ayudaría. De alguna forma u otra la motivación del otro es una fuente de inspiración para el que llega detrás. Y una oscuridad caduca porque la luz, de alguna forma u otra, aparece, pues cada vez que termino mis clases y salgo del complejo, la luz del día me espera.

Me he levantado y he nadado.

Foto: Pedro Mecinas

6 Respuestas
  • Jose
    enero 23, 2018

    Desde que tengo niños, mi hora de entrenamiento es la misma en la que ponen las calles… las 6 de la mañana. Muchos me llaman loco, pero para mi es mi momento y cuando vuelvo del trabajo y estoy con mis hijos pienso, que tengo todo mi tiempo para ellos, porque ese día ya he entrenado.
    Puedo correr solo y sin preocupaciones por las calles vacías, con la compañía del silencio y oscuridad, que para mi son amigos que me dicen, tu si puedes.
    Saludos de un Runner Nocturno mas

    • MissLeggingsRun
      enero 23, 2018

      Exacto, el terminar la jornada laboral y saber que tienes todo el tiempo que resta para ti y los tuyos. No se lo que es tener hijos, pero con más razón sacar ese ‘tiempo nocturno’ para lograr hacer lo que nos gusta y luego, tener tiempo para los nuestros ¡eso llena! Muchas gracias por leerme 🙂

  • Lourdes Ureña
    enero 23, 2018

    Llegará el día que disfrutarás nadando! A mi me pasaba exactamente igual que a ti… tenia que ir a natación por recomendación de mi médico de la espalda. Ahora que no necesito ir a nadar por salud, mi cuerpo me lo pide por placer. Nadar es un deporte que te libera, y la sensación de después de la ducha es la mejor de todas! Ánimo!!

    • MissLeggingsRun
      enero 23, 2018

      ¡Eso espero! Espero que llegue el día que tu dices… mientras tanto… ¡tocará seguir persistiendo! ¡Gracias! 🙂

  • Carles
    enero 23, 2018

    Muy amenudo nos invade esa sensación de silencio y oscuridad, de sinsentido ante el ejercicio matutino, pero siempre acaba siendo la recompensa en forma de satisfaccion personal por el esfuerzo del entreno realizado,nos abre la mente y nos hace sentir genial!!!!
    Me ha gustado muchissimo tu escrito..y me he sentido muy identificado contigo. Bon dia

    • MissLeggingsRun
      enero 23, 2018

      Ahora mismo acabo de terminar de la clase de la clase de natación y tienes toda la razón. Cuando suena el despertador todo parece un sin sentido pero ahora ¡merece la pena! Muchas gracias y me alegra saber que somos más de uno 😉

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