Y a partir del kilómetro 7…

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  • ¿Cuál es el recorrido?
  • Este año lo han cambiado. No es tan duro como años anteriores.
  • ¿Pero siguen habiendo cuestas?
  • Igualmente esto no es Valencia, de cuestas hay unas cuantas.

Este podría ser el resumen de mis conversaciones con corredores que ya habían corrido alguna vez la Volta a Peu de Pego, una de las carreras del Circuito de la Marina Alta. Me hacía ilusión correrla, pero 10km… ¡eran 10 km!

“¿A qué ritmo quieres correrla?” Este fue el mensaje que recibí de Francisco Vicente (fvcr74). No tenía ni idea, desde enero no me enfrentaba a esta distancia. ¿Podré repetir esos 00:45? No era una carrera rápida y las cuestas… ¡esto no es Valencia! “Intentaré acompañarte”, me dijo Francisco Vicente.

Era una carrera especial, corría en Pego, pueblo de mi novio. Iba a vivir una carrera cerca de la familia, mis padres incluidos. Como en mi infancia. 🙂

A mi lado, a la derecha Francisco Vicente y a la izquierda, Javi, mi cuñado.

Ritmos y calles estrechas

Arrancaba la carrera. Minutos previos calentaba, estaba nerviosa, como de costumbre, y entraba en calor junto a Javi, mi cuñado. Había intentado colocarme en la posición que creía que me tocaba, buscaba coger mi ritmo. No era fácil,  muchos corredores y calles estrechas. Se acercaba esa bajada, querida al principio y sabía que sería odiada al final… “¡Eiiii! Así levantaba las manos pasando el kilómetro 2. En esa misma bajada estaba mi familia. Pude ver como mi madre se colocaba en posición para hacerme una foto y algo pudo hacer…

Llegábamos al kilómetro 3 y nos adentrábamos por la ruta de “Sant Antoni”, dejábamos el término municipal para recorrer las afueras. Aquí dije en voz alta: “Empieza la carrera”. Miré a Francisco Vicente, él me respondió con un “Sí” y mirada al frente. Estaba muy pendiente del pulsómetro, tenía que saber controlar el ritmo de carrera. No era día para agobiarme, ni para lograr marca, quería saber si podía hacerlo, medir mis ritmos, conocerme en carrera. Una subida, una bajada, subida de las pulsaciones, volvía a coger ritmo… “Gema no te aceleres, no intentes mantener el ritmo, relaja”. Esto era lo que pensaba cada vez que me topaba con una subida. Cuando la dejaba atrás, mi cabeza volvía a maquinar: “Gema, ahora aprieta y suelta piernas”. Tenía a Francisco Vicente cerca… ¿Dónde está? Lo había perdido, miraba hacía atrás, pero no lo encontraba.

Esa subida… ¡eterna!

El término municipal de Pego volvía a acogernos, estábamos a punto de llegar al kilómetro 7.  La carrera estaba terminando, pero… ¿os acordáis de esa cuesta de bajada del principio? Ahora cambiaban los papeles y me decía a mi misma: “Aguanta, porque todo lo que te queda es de subida”. Mis pulsaciones se mantenían, sin embargo mi ritmo bajaba… Mis piernas respondían, pero… ¡vaya con la subidita!

“Y llega la tercera femenina” Eso decía el speacker mientras pasaba por uno de los arcos. Todavía quedaba un poco más de un kilómetro para el final. ¿Cómo? ¿En serio? No sabía muy bien lo que había escuchado, pero me dije: “Es el último kilómetro, aprieta”. Delante de mi tenía a dos mujeres, sentí que podía adelantarlas… ingenua de mi. ¿Gema, dónde vas? ¿Crees que vas a ganar algo?

A pocos metros de llegar escuché un grito. “Gema, ¡tu puedes!”. Era Francisco Vicente, me animaba desde atrás, al otro lado de la calle. Llegué al paseo, miré el crono y vi ese 00:45 que seguía sumando…. Crucé la meta y allí estaban, mis padres. “Xiqueta, ho has fet molt be!

Evidentemente esas palabras del speacker no iban para mí. Anunciaban que llegaba la tercera fémina, que en esos momentos cruzaba el arco de meta situado a mi derecha. Ignorante, sí, pero esas palabras sacaron de mi las fuerzas que necesitaba para llegar con buen ritmo al final. ¿Resultado? No conseguí mantener ese 00:45, me quedé en los 00:45:17  un ritmo de 04:32 min/km. ¿Feliz? ¡MUCHO!

Así volvía al día siguiente a la querida cuesta… ¡conseguí controlarme en carrera!

 

 

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