Nuestras zancadas ganaron la 10K Alboraya

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Pasión por lo que nos encanta hacer. Correr, sí, lo hicimos. 2.200 corredores, una distancia de 10.000 metros y una causa, la ‘10k Divina Pastora Seguros Alboraya contra el Cáncer’ lo decía todo, eran kilómetros solidarios y teníamos que correrlos.

¿Calor? ¡Muchísimo! Ya iba preparada, botella en mano y lista en el cajón de salida. Mi dorsal no tenía un color, ni pensé en una marca el día que me inscribí, simplemente había que correr. Minutos previos, entre la multitud de corredores miraba a mi alrededor, buscaba con el móvil imágenes para intentar acercaros las sensaciones del momento, algo que me encanta. Música que nos contagiaba y aplausos de un público entregado. ¡La 10k Alboraya arrancaba!

Si dijese que no tenía un objetivo mentiría, pero sabía que el parón de dos semanas tras la 15k Nocturna de Valencia no traería nada bueno. Había dicho que por verano me había retirado de las carreras, pero… es que este tipo de pruebas hay que correrlas, el sabor que nos deja es mucho mayor ¡y lo sabemos!

La carrera y el calor

Me enfrentaba a mi peor enemigo, el calor… ¡y ya voy acobardada! Huyo de él y en carreras de este tipo ¡es imposible! Primera parte de la prueba y simplemente corrí, disfruté de cada tramo, aunque algo pendiente del pulsómetro, me conozco y me emociono al pensar que puedo mantener un ritmo demasiado exigente para mi. Recorrido que combinada todos los escenarios, una guía turística en toda regla.

Nuestras zancadas recorrieron los primeros kilómetros por las principales calles del municipio y ¡vías anchas! Rectas largas en las que aproveché para reconocer a los que iban en cabeza y su vez pensar ‘¡todavía me queda para rato!’. Recorrimos la huerta de Alboraya para cambiar totalmente de espacio, el paseo marítimo de Patacona nos esperaba. Mientras, la gente disfrutaba de su momento de playa, nosotros sudábamos ‘la gota gorda’ y mi cabeza pensaba: ‘¡Que hago aquí!’. Instante en el que escuché un grito: ‘¡Vamos Gema!’ Me giré, saludé y me dije: ‘¡Gema, solo te queda la mitad!’. Era el momento de regresar a tierras urbanas, pero antes el Barranc del Carraixet nos puso a prueba a muchos, una subida que pude maldecir, no eran los kilómetros ¡era el calor que podía conmigo! Bueno… los kilómetros también porque no podía bajar de ritmo. Y esas duchas del camino, me sabían a gloría, no dudaba en pasar por ellas, las buscaba, ¡las necesitaba!

En cuanto a mi ritmo, no solo no pude bajar, sino que iba más lenta, pero había tanta animación, los niños buscando ese toque de mano y mensajes de ánimo que nos hacen recordar por qué estamos ahí. Ya nos quedaba nada, nos adentrábamos en el centro histórico y los aplausos nos avisaban que la meta estaba cerca. Allí estaba, una recta de 300 metros y el final, ¡Lo hicimos!

Por supuesto, no puedo dejar de mencionar esa horchata fresquita y los ‘fartons’ que nos esperaban al llegar a meta. Doble recompensa ¡que sabe mucho mejor!

10k Alboraya

PD: Gracias @_RuedA_ por la foto en plena carrera.

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