Medio Maratón Valencia: Porque puedo ganarte sin dolor

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Silencio. Temblaba ligeramente, tenía un poco de frío y algo de nervios. Frotaba mis manos para entrar en calor. Ya estaba ubicada en el cajón y la gran multitud de corredores situados delante de mí me llevaba a verla, la salida estaba allí, a tan solo unos metros. El inicio del Medio Maratón Valencia estaba a punto de llegar, un reto que iba a hacerse realidad, porque sabía que podía serlo.

Mis pulsaciones estaban algo disparadas, 180ppm  y subiendo. Sentí que la marea de corredores avanzaba y le di al play del pulsómetro, crucé el arco de salida.

Me costaba avanzar. Éramos muchos y me resultó difícil coger el ritmo que quería. Corría un poco lenta, quería coger referencias, buscar alguien a quien seguir. Llegué al kilómetro 1 y comprobé que no podía seguir así, no podía acomodarme ¡Espabila Gema! Casi me costó alcanzar el kilómetro 2 para darme cuenta de que mis zancadas ya solo dependían de mí, ya había espacio para decidir. Fue cuando me percaté de que ese 4:33 min/km no era viable de mantener y me obligué a bajar el ritmo, pero mi pulsaciones bajaban, eso era bueno.

Mi dosis de ánimos que no vi

Miraba al frente, me sentía segura y la vez me obligaba a no ensimismarme y a exprimir todo lo que estaba pasando a mi alrededor. Tenía una referencia, el kilómetro 5 que me llevaría a una larga recta de dos kilómetros para alcanzar una rotonda donde estaría mi novio, él me daría el isotónico y esa dosis de… ¡qué difícil de explicar! Llegué, lo busqué, pero no lo vi.  ¡No lo vi!

Me descoloqué un poco, son ese tipo de ánimos que una espera y que se quedan ahí, en… no lo vi. Seguí, volví a mirar hacia dentro, comprobar cómo me encontraba y mis pulsaciones hablaban, 155 ppm, además tenía el ritmo cogido. ¡Sigo!

Medio Maratón Valencia

Mi música: “Pam, pam, pam”

“Pam, pam, pam”, esta era la música que sonaba en mi cabeza. Cantaba el sonido de mis zancadas, las sentía ligeras y les acompañaban los ánimos de la gente, gritos, batucadas, aplausos… No dejaba de revisar la línea dorada que marcaba el recorrido de la carrera, quería seguirla, no desplazarme en exceso, no quería correr kilómetros de más.

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Sabía muy bien cual era el siguiente paso: tomarme el gel. Esperaba llegar al kilómetro 12 para tomarme el gel, lo había pactado con mi nutricionista Andrea Ferrándis y sentía que esa toma sería un momento de distracción. Sé que no corría sola, ¡la animación era increíble! Pero corría contra mi misma, eso me hacía pensar y me producía un sentimiento de soledad.

Llegué al kilómetro 12 y me tomé el gel. -Uso los de 226ers, el de limón me encanta, suave y fácil de digerir-. Lo ingerí despacio (Me gusta saborearlo bien y así logro hacer mas largo este momento, así me distraigo). Pero mi paladar pedía un trago de agua y no tenía.

¿Dónde estará el próximo avituallamiento? No lo sabía, no tenía en mi cabeza donde estaban ubicados cada uno de los puntos de avituallamiento. Error.

Ella, apareció

Mientras me lamentaba por no conseguir un sorbo de agua, ¡tan solo uno!, apareció ella, Alicia Álvarez, compañera de entrenos del equipo Sanus Vitae. Me cazó en el kilómetro 13, sabía que ya no me soltaría y me acompañaría hasta el final.

Mi cabeza ya no se sentía tan sola. Ella no me dejaba bajar la guardia, aunque sentía que era yo la que me marcaba el ritmo. Sabía que a la mínima que acelerase, Alicia lo haría y me mantendría un ritmo mucho más exigente, pero tenía miedo de hacerlo ¿y si no llegaba así de bien al final? Alicia me preguntaba si quería subir una marcha más y yo le contestaba que no. “¿Cómo vas?”, le llegué a preguntar a Alicia. Su respuesta fue: “¿En serio?, ¡Aquí la que importa eres tu!”.

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Llegamos al kilómetro 15, tomé ese sorbo de agua y me convencí de empezaba una carrera de 6km. Fueron unos kilómetros restantes de ánimos, de “Gema tu puedes”, “Gema vas genial”, “Gema esto es un entreno de series”, “Gema lo vas a conseguir”.

Medio Maratón Valencia

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Dejamos atrás el centro de la ciudad, la calle Colón y bordeamos el Río Turia, que nos llevaría a esa recta que acompaña a la ciudad de las Artes y las Ciencias. Ahí, la gente me llevaba, mis fuerzas ya estaban cayendo, pero mis piernas iban a más. En el último kilómetro apareció Víctor, también compañero de entrenos y quien me ha hecho en muchas ocasiones de liebre. Corría entre ellos dos, Alicia y Víctor y de nuevo el: “Pam, pam, pam”. Una mirada al frente que era mucho más fija, más firme, más.. ¡quiero llegar ya!

“Es tuya, lo tienes”. Recuerdo esos mensajes, sus mensajes, de ellos, de Alicia y Víctor, era imposible no darlo todo. 4:30 min/km y 163 ppm, así concluí el kilómetro 21km. Estaba feliz, entera, sin dolor y ¡lo había logrado! 1:39:33

Mi objetivo era mantener un ritmo constante de 4:40-45 min/km, menos exigente que el que me marqué cuando me propuse volver a enfrentarme a una media maratón, creía que podría hacerlo en un ritmo medio de 4:30 min/km, pero por el camino tuve que descartarlo. Lo importante ¡terminé muy feliz! 🙂

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La razón de aparcar las largas distancias

No son los ritmos, es el darme cuenta de que el paso de volver a empezar por el principio fue la mejor decisión. Cuando empecé con este proyecto, pese a haber corrido desde pequeña quise lanzarme de forma precipitada a correr un maratón. Y no solo hice una, sino dos. Mi rodilla no estaba preparada y lo sufrió. Por eso decidí empezar por los cimientos, ser más rápida en distancias cortas y trabajar mi musculatura. Quería que el día que volviese a luchar por una larga distancia, fuese sin dolor ¡y así fue!

De nuevo, gracias a todo el equipo de Sanus Vitae por todo el trabajo que hemos logrado hacer juntos: Haruki mi entrenador, Andrea Ferrándis mi nutricionista y Vicky Cervera, psicóloga deportiva con quien he estado trabajando estos últimos meses. Y ¡fotones! de Adrián del Rey (Adrsportphoto). GRACIAS.

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