La historia que escribimos juntas

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Empecé a escribir mi historia. No sabía muy bien cómo empezar, ni qué rumbo seguir, ni tan siquiera si la dirección era la correcta. Lo hacía, simplemente lo intentaba, fue entonces cuando me di cuenta de todo.

Ahora empiezo a percatarme que no es sencillo. Esperar mi llegada a casa o recibir esa llamada de: “Estoy bien”. Sin pensar, tan solo caminaba con la sensación de que mis ganas y esa recompensa que tanto me llenaba era más que necesario. Era lo importante y tu lo sabías, aunque parecía que me demostrabas lo contrario.

Cada vez el número de páginas que escribía era mayor, mientras tu supervisabas la historia. Ahora estoy segura de que lo hacías y es más, lo sigues demostrando.

Momentos que sigues viviendo

¿Lo recuerdas? Cuando el despertador sonaba demasiado temprano, las calles despertaban solitarias o ese mal tiempo que no acompañaba. Sabes que lo sigues haciendo, pues continúas lanzándome frases para que no salga de casa con las zapatillas puestas. Kilómetros ya sumados, que sigo recorriendo y que hoy quiero seguir acumulando.

Pero quiero resonar esas cuatro palabras: “Lo voy a hacer”. Creo que al leer esta frase recordarás todas las veces que lo he intentado, me he caído, pero también los momentos en los que me he emocionado, te he narrado cada experiencia y su vez me has preguntado, sintiendo que querías escucharlo.

Mamá, hoy se celebra tu día, el día de la madre porque así lo dice el calendario, pero quiero que sepas que lo son todos. Tu hija es un poco o quizá un tanto demasiado cabezota, pero no lo lograría, ni tan siguiera intentaría dar cada uno de los pasos que siguen dibujando esta historia que escribimos juntas, sin ti. “Gràcies mamà”.

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