Ganas de poner fin a las carreras

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Tenía ganas de decir adiós a las carreras, por un tiempo. Sí, tenía esa sensación. Notaba la necesidad de mirar el calendario y decir: No tengo nada. No siento que el correr sea una obligación, pero muchas veces es una auto exigencia y mi cabeza, en ocasiones me lanza un mensaje a gritos: ¡Desconecta un poco!

El pasado domingo corrí 5.200m, la I Carrera Marta Fernández de Castro, la última carrera del Circuito Divina Pastora Segura hasta septiembre.

Mi cabeza es un poco un “sube y baja”. Puedo llegar a una carrera extra motivada o sucederme todo lo contrario. En esta, me auto exigí llegar motivada, me repetía a mi misma que tenía en mis manos los requisitos necesarios para terminar con buenas sensaciones y lograr el objetivo marcado, o por lo menos poner todo de mi parte para intentarlo.

El globo

Ya estaba corriendo, al lado de él. Era Vicente Ortega, corredor que llevada el globo del ritmo de 4min/km. Era sencillo, tan solo tenía que seguirle. Él iba a ser nuestra liebre.

A mi derecha, Vicente Ortega, con el globo de 4′

Éramos unos cuantos los que rodeábamos, a la liebre. Estaba más pendiente de que el globo no me diese a la cabeza (por el viento) y de no tropezarme con el resto…. Me encontraba bien.

En carrera recordé unos de los consejos que me dio Vicky Cervera, psicóloga deportiva de Sanus Vitae con quien estoy trabajando. Ella me enseñó que en ocasiones tenemos que hacer un poco de “teatro” cuando corremos. Tan sencillo como aparentar que nos encontramos bien, lo que se traducirá en ponernos rectos, retropulsión de hombros (hombros hacia atrás) y mirada al frente. “¿Qué sensación estás dando a los corredores de tu alrededor?”, me preguntó Vicky en su última sesión.

Cierto. Cuando vemos a alguien que corre así pensamos que se encuentra “a tope” y eso se contagia. ¿Por qué no aparentar que vamos bien y ejercer esa sensación en nosotros mismos?

Subida de pulsaciones

A medida que avanzaban los kilómetros mis pulsaciones se elevaban y la liebre se escapaba. Lo visualizaba, pero no era capaz de correr cerca de él.

Llegué al kilómetro 3 con la necesidad de beber. Tenía la boca seca y calor. “¿Qué dices Gema?”, me dijo mi cabeza. Había terminado los primeros tres kilómetros y me sentía perfecta para correr los dos kilómetros que quedaban, tan solo dos. Me puse recta, seguí corriendo y creo recordar que ya no volví a mirar el reloj.

Último kilómetro y una recta, ¡eterna! Por mi derecha se acercan una zancadas que reconocí. Era Laura Costa. ¡La conocía! Ella y yo solemos correr a ritmos cercanos, ¡no podía despegarme de ella!

Las respiraciones de ambas hablaban por si solas. Estábamos luchando, agotando nuestras fuerzas por terminar, pero ninguna quería quedarse atrás.

Últimos metros y el arco de meta nos esperaba. Sprinté, intenté dar todo lo que me quedaba. ¡No había nada más que decir!

Lo rocé, estuvo cerca, pero se me volvió a escapar (00:21:13 a 4:04 min/km). Quizá no era el día o todavía no estoy preparada. Seguiré trabajando para conseguirlo, desconectando un poco de la competición para volver en septiembre.

¡Disfrutemos del verano! Corriendo o no corriendo, ¡pero disfrutemos de lo que hagamos!

Fotos: AdR SportPhoto

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