Fin del Circuito Divina Pastora: ¡Es Posible!

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“¡Pero quiero estar bien para el 3 de diciembre!”. Esta fue la frase que me repetí durante gran parte de los días de la semana pasada. Pero antes tenía un entrene importante, la XVII Vuelta a Pie Solidaria Es Posible del Circuito Divina Pastora Carreras Populares, 6.400 metros. No pensé que significaría tanto esta carrera.

“Son las 7h, creo que voy a dormir 10 minutos más”. No pude volverme a dormir, mi cabeza trabajaba pensando en si debía o no correr. Me encontraba mucho mejor, el catarro ya estaba yéndose por la puerta de atrás. Volvió a sonar el despertador y me levanté.

Más abrigada de lo normal salí de casa y sentí algo extraño en el estómago. ¿Por qué no estoy pensando en el ahora? ¡Me había trasladado otra vez al próximo 3 de diciembre! La 10k de Alcoy que tantas ganas tengo de correr. No sé qué me pasaba, pero estaba ilusionada por ver cómo iba a responder en carrera. Quizá… la prueba a la que me enfrentaba en tan solo unos pocos minutos era…

Tenía frío. Calenté lo justo para meterme en el cajón de salida y quitarme todas las capas que llevaba encima. “Sí, me encuentro bien”, me decía a mí misma. Y así era.

¡Pero estoy bien!

Escuché la cuenta atrás. Llegaba el momento de intentarlo, el mantener el ritmo de 4:05 min/km y de recordar esos mensajes de motivación de mi entrenador Haruki: “Pots!”.

El kilómetro 1 me dejé llevar, mirando de reojo mi pulsómetro. Iba más deprisa de lo que debía, algo que repetí también cuando dejé atrás el kilómetro 2. Me auto convencía de que quizá estaba bien lo que estaba haciendo, ¿y si puedo mantener este ritmo? Pero alcancé el kilómetro 3 y me recordó que todavía me quedaba más de la mitad por terminar. Fue cuando me percaté de que mis mocos empezaban a ser un compañero más y que ya no iban a dejarme sola. “Me ahogo”. Sabía que pronto la prueba nos daría una tregua, pues el trayecto también nos regalaba unos cuantos metros de bajada. “Ahí aprovecharé para recuperar”, me dije.

¡Era más lenta!

Llegó la bajada, relajé mis piernas y empecé a respirar de forma más profunda y miraba, muy constantemente el reloj. Mis pulsaciones eran altas. La gente me adelantaba. Corría más lenta.

El kilómetro 4 fue algo así como una lucha interna. “Sigo corriendo más lenta”, me repetía. Me dije esto… no sé cuántas veces, hasta que llegué al kilómetro 5: “’¡Ya está bien!, el entrenamiento termina aquí”. Pero seguí corriendo y recuerdo que no fue fácil. Empecé a agobiarme. Sí, no, sí, pero ¿y si no? ¡Yo que sé! ¿De veras tengo que pasar por esto? Pero sí. ¡Claro que puedo! Si todo fuese tan fácil, este deporte no me daría todas las alegrías que me da. Sí que puedo.

Pensé en mi familia. En mi pareja y en Rocky que me esperaban en meta. Recordé las palabras de mi entrenador Haruki. Pensé en mi. Sonará una tontería lo que estoy diciendo, pero viajé a situaciones bonitas. Me sacaron una sonrisa.

¡Pero estoy bien!

Allí estaba. Vi que lo iba a conseguir y respiré mucho más profundo. Crucé la meta.

¿Cómo expresaros lo que sentí? Un día puedo estar mejor, otro peor, incluso no saber ni cómo estoy. Pero tomé la decisión de intentarlo y ello se convierte en un paso más en este camino de aprendizaje, un deporte que tanto me está dando. Terminé la carrera y sí, pude cumplir con el entrene: 4:04 min/km. 😀

Y ahora sí, este domingo 3 de diciembre llegó el día, ¡nos vemos en la 10k de Alcoy! Si todavía no tenéis vuestro dorsal, ¡todavía estáis a tiempo! → 10k y Media Maratón de Alcoy

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