Después de la tormenta dejé de pensar

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¥“Eres tot cabet” (eres todo cabeza). Así siempre me lo ha dicho mi familia y hoy, también puede afirmarlo la gente que me rodea. Mi cabeza no debutó la temporada con su mejor versión, pero trabajó en la buena dirección.

Llegué con tiempo. Calenté. Zancadas a las que le seguían una mirada atenta, la de Rocky. Esta carrera me acompañaba. Arriba, abajo… y vuelta a empezar, Rocky buscaba la forma de seguir cada uno de mis pasos, pero tuvo que conformarse con observar.

 

Respeto

Busqué el cajón de salida. Allí estaba el Preferente A, sentí, de nuevo, respecto. Nerviosa, impaciente y con algo de incertidumbre, quería escuchar el pistoletazo de salida. Miraba, lo buscaba, sabía que estaría cerca. Tuve la suerte de poder tocarlo, pese a que ya estaba ‘enjaulada’, lista para enfrentarme a la primera carrera de la temporada, la vuelta a las pruebas del Circuito de Divina Pastora Carreras Populares Valencia, esta vez con la  41ª Volta Peu de Sant Marcel•lí i Sant Isidre. Complicidad, no era necesario más.

dejé de pensar

“Intenta mantener un ritmo de 4:10 min/km”. Este fue el mensaje de mi entrenador Haruki, este era el objetivo de la carrera, pero dentro de mí sabía que no estaba en condiciones de hacerlo…, mejor dicho, mi cabeza me decía que no era viable.

Arranqué. ¡Una salida muy rápida!

dejé de pensar

Uno, dos, hasta cuatro enganchones sufrí por detrás y apunto estuve, en más de una ocasión, de caerme. ¿Será que voy demasiado lenta? La gente me adelantaba, pero yo no dejaba de mirar el reloj. Lograba mantener el ritmo. Seguí. Mi cabeza solo pensaba en esas dos cuestas de la prueba, dos subidas que necesitaba dejar atrás para auto convencerme de que lo más complicado había terminado. “Gema, ¡vamos!” Saludos de gente conocida que me adelantaba y que agradecía sus ánimos. ¡GRACIAS! Mis pulsaciones se aceleraban… El kilómetro 4 se acercaba, espacio de la prueba en la que pasábamos por debajo de los arcos de salida. No puedo.

Dejé de pensar, desconecté

“No puedo, me lo dejo”. “¿Pero de qué estas hablando? Puedes”. Volví a tener un pequeño debate con mi cabeza. Dejé de pensar y miré a mi alrededor. Los corredores seguían adelantándome y me dije: “¿Es un fracaso si no termino con el tiempo objetivo?”. Automáticamente mi respuesta fue esta: “El error será no seguir y pensar que el fracaso sea ese. Corre y termina”. Desconecté de mi cabeza y seguí mirando todo lo que me rodeaba, observaba las zancadas de los corredores, cómo se adelantaban ante mi ¡Disfruté de sus esfuerzos!

Inconscientemente incrementé el ritmo. Olía la meta, aunque mi aliento me avisaba de que estaba corriendo forzada. Quise mirar el crono a lo lejos, no recuerdo los números, pero sé que sonreí. La terminé. Le di stop a mi pulsómetro y no miré más. Estaba feliz, pero agotada.

dejé de pensar

Tras la prueba analicé. Finalmente terminé la carrera con un ritmo medio real de 4:14 min/km ¡Recuerdo perfectamente el día que logré esa marca! (Aquí os dejo con el post: Sufrí, pero escalé un poco más). Los resultados hay que trabajarlos, nada llega porque sí, de regalo. Creo que no hay ni logros, ni fracasos, sino  un gran aprendizaje detrás de cada paso que damos.

Fotos: Adr sportphoto (Adrián del Rey)

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