Carrera Galápagos: Sentíamos que era una locura

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En la cama y lo escuchaba. ¿Qué viento es este? Sonó el despertador y le di a posponer. “Un poco más”, pensé. No pude volver a dormirme, mi cabeza daba vueltas pensando en si era el día de quedarse en casa. ¿Se anularía la carrera?

Hoy volvía al Circuito Divina Pastora Seguros con la primera prueba de este 2018, la Carrera Popular Galápagos con una distancia de 6.375m. Todavía en la cama, revisé los perfiles de redes sociales de la organización y en ningún lugar se confirmaba, la carrera seguía su curso. Me levanté, me vestí y desayuné, pensando que quizá todo este ritual no tenía ningún sentido. “Quizá acuda allí y decidan cancelar la carrera”, me dije, pero no fue así.

Iba a ser mi objetivo

Llovía y hacía viento, pero al parecer no el suficiente para que se cancelase la prueba. Calenté en busca de Juan, compartió conmigo el reto de la San Silvestre Vallecana y me dijo que me haría de liebre en esta carrera. (Creía que podría correr con la gorra impermeable que llevo puesta en la foto, pero por el viento ¡se volaba!)

Me metí en el cajón de salida y no lo encontraba, no lo veía. Tiempo suficiente para hacerme a la idea de que correría sola. Tenía un objetivo, demasiado exigente, lo sé, pero dentro de mí sabía que podía conseguirlo, pero con un día así y sin nadie que tirase de mí…

Carrera Galápagos

“Hoy no voy a apretar”. Estas palabras me las lanzaba Alicia Álvarez, compañera de entrenamientos del equipo Sanus Vitae. Le tomé la palabra, pues con ella, igual lograba mi objetivo, correr a 4 min/km. Ella es mucho más rápida que yo.

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Alicia, la chica que aparece en la foto a mi izquierda

Diluviaba

Empezó a llover, cada vez más. No escuché la salida, solo vi como los corredores de delante empezaban a cruzar la línea de salida. La carrera había empezado.

Saltar charcos y sentir que mis piernas no iban, mientras corría al lado de ella, intentado mantener su ritmo. Así empezaba la historia de esta carrera. Llegábamos al kilómetro 2 y parecía posible.

“¿Y si la dejo ir?”. Mi cabeza ya daba vueltas, empezaba a sentirme cansada. La dejé ir un poco, consciente de que si lo hacía la perdería. Alicia se fue.

Carrera Galápagos

Con la que estaba cayendo, intentaba enfocar bien la mirada y no comerme más de un charco. Mientras, ¡me plantee tantas cosas! Como: ¿Qué necesidad tengo de estar aquí?; Hoy no estoy dando mi mejor versión; Quiero correr rápido para terminar e irme a casa; Lo importante es que llegue a meta…

El kilómetro 4 me avisaba de que el ritmo era el que era y que solo tenía que seguir sin darle más vueltas a la situación. Una vez en el kilómetro 5 me dije que era la cuenta atrás y todavía me quedaba un poco más que dar.

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Rectas…

No me gustan las carreras con rectas de ida y vuelta. Me pueden psicológicamente. Así era como terminaban los últimos metros de esta prueba. La meta estaba cerca, mi pulsómetro me lo decía, pero no llegaba a alcanzarla.

Solo un poco más. No escuchaba al speaker, no había música, pues por seguridad, la tormenta no lo permitía. Silencio, eso fue lo que sentí cuando crucé la meta.

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“Ha ido bien; Lo hicimos; ¡Que subidón!; Esto ha sido una locura; ¡Chócala!”. Esto era lo que escuchaba a mi alrededor y que también pude compartir con más corredores. Con esto, ya mereció la pena salir de la cama.

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Carrera Galápagos

Junto a miembros del equipo de Sanus Vitae

Tras la ducha

Una vez en casa, después de una buena ducha caliente recibí el mensaje al móvil de la organización: 4:10 min/km. No fue mi mejor tiempo, pero os aseguro que me alegré al verlo.

Por cierto, Alicia terminó la carrera con un tiempo medio de 03m 57s / km ¡Enhorabuena Alicia!

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¡Alicia, carrerón!

Fotos AdR SpotPhoto

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