10K Valencia Ibercaja: Percepciones opuestas en carrera

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Empezaré con esta pregunta: “¿Cómo te sientes?”. Difícil olvidar mi respuesta: “De fuerzas bien y de cabeza me siento fuerte”. Me preguntaba mi entrenador Haruki tres días previos a la prueba (después del entrenamiento de series), la 10K Valencia Ibercaja, y le respondía sin pensar, pero muy segura de mí misma. Sus ojos se iluminaron, pero no tardé en frenarle: “Pero ojo, con el catarro que llevo arrastrando toda la semana no se cómo voy a reaccionar”.

Un poco perdida. Sí, lo estaba. No sabía muy bien qué ritmo llevar, pero confiaba. No era una confianza propia, sino que confiaba en él, David Baldoví, compañero de trabajo y amigo. Su experiencia como corredor me hacía pensar que me guiaría, además de ser conocedor de mis ritmos. Lo dejé todo en sus manos. 00:43’, 00:42’, tiempos lanzados al aire y que no analizaba, no pensaba en lo que se traducían. Toda una conversación que transcurrió minutos previos a la carrera, ya en nuestro respectivo cajón.

10K Ibercaja Valencia

Escuchaba otros números: “Correremos entre 4:10-15 min/km”. Así le decía David a Clara Renard, amiga de él y que se encontraba al lado nuestro. Ella se unió a nosotros. Empezó la carrera, le di al botón de mi pulsómetro y me prometí no mirarlo.

Te sigo

A la izquierda, luego a la derecha. Pendiente de no tropezar con ningún bordillo y de no perder a David. Intentaba correr a su lado, pero la multitud de corredores no me lo permitía. Tomé la decisión de no volver a intentarlo, seguiría sus zancadas.

Dejamos atrás el kilómetro 1 y empecé a viajar a mis entrenamientos. Sabía que estaba corriendo más lenta que mi última sesión de series, la del jueves, o en eso confiaba porque, como dije, no quería mirar el reloj. “Entonces tengo que ir bien”, me dije. Podía hacerlo.

El trayecto, hasta llegar al kilómetro 5, no recuerdo muy bien lo que pasaba por mi cabeza, simplemente miraba a mi alrededor. No perdía de vista a David, sentía que Clara corría cerca de nosotros y mis piernas las notaba ligeras.

De repente me topé con el avituallamiento. No pude coger la primera botella que me ofrecieron, pues no me la esperaba. Ya habíamos llegado al kilómetro 5 y pensé ¿cómo me encontraba el año pasado en este mismo punto? (Crónica de esta misma carrera el año pasado). Durante esa lluvia de pensamientos escuché que David me preguntaba: “¿Cómo vas? Mi respuesta fue rápida: “Creo que voy bien”. Podría haber sido más clara, pero no sabía con exactitud cómo me encontraba. Las sensaciones eran buenas, pero ¿y si no logro mantener este ritmo hasta el final? Ese “creo” se tradujo en miedo a fallar y en miedo a que a David se le ocurriese cambiar de marcha y acelerar un poco más.

Lejos y más lejos…

Esa rotonda. Nos topamos con ella después de dejar el Puente Real. En esa curva, en plena rotonda noté como David empezó a ir más rápido. Le sigo. No miré el reloj y nos adentramos en la Avenida de Blasco Ibáñez. Otra recta, donde pensé: “Se me va a hacer eterna”. Mientras, David se alejaba. Quería seguirlo, pero a la vez pensaba que igual tampoco hacía falta. “No puedo”, me decía a mi misma. Pero seguía buscándolo y cada vez estaba más lejos, hasta que vi cómo se giraba. Él se acaba de percatar que ya no estaba.

Miré el reloj. Ritmo de 4:30. Me enfadé conmigo misma y quise llegar lo antes posible al kilómetro 8. ¿Por qué me vino a la cabeza el kilómetro 8? Quizá porque sabía que allí estaba una persona conocida, Adrián (de AdR SportPhoto), el fotógrafo que me acompaña en las carreras. Una auto motivación para ver a alguien ¿quizá? Hasta que lo vi. ¡Pasé el kilómetro 8!

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Me dormí y me despertaron

Sentía que solo me quedaba cabeza. Empecé a caer. Psicológicamente me empezaron a vencer las dos últimas rectas que me quedaban. Tan solo me quedaban dos kilómetros para terminar, pero me relajé. “Que más da, ¿no?”, me auto convencí.

“¡Ahora no te vas a dormir”. Reconocí su voz. Era Clara. ¡Seguía detrás mía! Me hizo despertar y mantuve su ritmo. Apenas nos quedarían 600-500 metros. Ya no sentía que no podía, todo lo contrario, solo miraba al frente, en busca del crono que indicaba donde estaba la meta. Mientras, noté como mis zancadas eran más amplias y mi respiración aumentaba. Sabía que ahora sí, estaba agotando mis fuerzas.

Crucé. Me giré y también lo hizo Clara. Miré enfrente y David nos esperaba. La foto final, si la tuviera, mostraría esto: FELICIDAD.

Pasaron unos minutos hasta que miré mi reloj. ¡Lo has hecho!, me dijo David. ¡Es verdad! He logrado aguantar, pese a quedarme sola. ¡He logrado mi mejor marca personal! 00:42:30. ¿Y sabéis? Me apunté a la clasificación de medios de comunicación y ¡quedé primera en la clasificación femenina! Siento que la confianza en mí misma, a veces, se me escapa.

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Foto Tomás Gómez

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